Se respira paz, tranquilidad, sosiego y naturaleza. Estamos en Gante, una ciudad en la que confluye la cultura de Bruselas, el eclecticismo de Amberes y la belleza de Brujas. Todos estos ingredientes los encontramos en la conocida como ‘la Joya de Flandes’.

Sin duda, Gante es una de esas ciudades en las que, cuando llegamos del viaje, tenemos la sensación de haber disfrutado de momentos y experiencias únicas: sus calles, puentes, rincones y edificios no dejan indiferente a nadie.

La mejor época del año para visitar Bélgica es el otoño, puesto que las temperaturas todavía son suaves y no hay tanta masividad de turismo. La ciudad se tiene que disfrutar desde el sosiego, saboreando cada uno de sus paisajes como si fuera el último bocado de un exquisito banquete.

La ciudad les enamorará poco a poco. Primero con sus monumentos medievales, más tarde con su deliciosa gastronomía y, finalmente, con el romanticismo de sus canales. ¿Están preparados para enamorarse?

Por el día
Gante proviene de “Ganda”, palabra celta que significa convergencia, por lo que no es de extrañar la hospitalidad y la cercanía que nos demostrarán los flamencos desde nuestra llegada a su país. Siempre dispuestos a ayudar y siempre con una sonrisa en la cara.

Destacar monumentos en esta ciudad es tarea ardua, puesto que es la ciudad belga que cuenta con un mayor número de edificios históricos. Sin embargo, tenemos claro que una de las mejores sensaciones es adentrarse en su casco antiguo caminando y observando todos y cada uno de los detalles de los que está impregnada la ciudad.

Encontraremos plazas y lugares rebosantes de historia, templos medievales con puntiagudas torres y calles empedradas. Merece la pena ver la Iglesia de San Miguel o la Catedral de San Bavón, donde fue bautizado el emperador Carlos V y donde se encuentra la famosa “Adoración del cordero místico” de Van Eyck.

No pueden dejar de visitar tampoco el edificio del Ayuntamiento, la plaza Korenmarkt, animada desde la Edad Media, el Castillo de los Condes o la Torre Belfort.

Pero si queremos realizar instantáneas de postal tendremos que dirigirnos a El Graslei (muelle de los herboristas) o al Korenlei (muelle de los graneros). Aquí conseguiremos captar la esencia de Gante: sus edificios gremiales reflejándose en el agua del río. Una estampa que marcará nuestro paseo por la ciudad.

Por la noche
Animación, fiesta y gente, mucha gente. Esto es lo que nos ofrece Gante una vez se pone el sol y las farolas iluminan sus calles. El ambiente de serenidad que se respira durante el día, se transforma en diversión con la caída de la noche debido a la gran cantidad de estudiantes que hay en Gante.

Lo cierto es que detalles que por el día pueden pasar desapercibidos, se revelan como merecen a la caída del sol.

En definitiva, Gante es una ciudad que embelesa y sorprende, que emana vitalidad y frescor, y que debe ser visitada una vez en la vida. ¿La visitamos?