“Cuando un hombre está cansado de Londres, está cansado de la vida”, dijo Samuel Johnson. Quizá para más de uno suponga toda una exageración pero lo cierto es que el señor Johnson reafirmó sus palabras arguyendo: “pues Londres tiene todo lo que la vida puede brindar”. Se trata del segundo autor más citado de la lengua inglesa tras Shakespeare. Y sí, era inglés. Por ello sus argumentos pueden catalogarse de subjetivamente exagerados. Pero aventuramos a decir que, quien tenga el honor de conocer esta magnánima urbe, suscribirá tales palabras. Londres puede serlo todo.

Es la ciudad con la que todo viajero sueña, esas ansias de primera cita que hacen que luzcamos nerviosos cual quinceañeros. Sí, las expectativas para con Londres son altísimas. Y no es para menos, como aludió Herman Melville: “Hay dos lugares en el mundo en los que una persona puede desaparecer por completo, la ciudad de Londres y los mares del Sur.” Con tal afirmación nos libramos del componente subjetivo pues este gran escritor, de genética neoyorquina, procedía de la otra parte del charco. Y es que esta enormísima ciudad impone el respeto de todo niño ante esa persona mayor que aún desconoce. Respeto por su tamaño, desorbitado; su gente, heterogéneamente multicultural (sí, en Londres observamos todas las nacionalidades imaginables); por su historia, sus costumbres, su hora del té…

Londres, belleza cosmopolita, esencia señorialEn Londres hay tanto para ver que, si no organizamos adecuadamente nuestras rutas y excursiones, galoparemos cual caballo desbocado. Así que empecemos con un suave trote en dirección a Notting Hill, un distrito próximo a Hyde Park, una de las zonas más chic y cosmopolitas de la ciudad y que es especialmente conocida por la localidad del anual Notting Hill Carnaval, catalogado como el más grande de Europa y que tiene lugar en agosto. Si deseamos conocer todo el sabor de este barrio, basta con visionar la película, del mismo nombre, protagonizada por Julia Roberts y Hugh Grant, pura esencia londinense.

Un barrio ideal como refrigerio, pero nuestra hambre de Londres no ha hecho más que comenzar. Así que nos decantamos por un plato más contundente. El Palacio y la Abadía de Westminster y el Big Ben, ambos de estilo neogótico. Big Ben es el nombre del reloj más afamado y popular del mundo, el cual data de mediados del siglo XIX. Y de un edificio magnánimo a otro majestuoso, el Palacio de Buckingham, la residencia oficial del monarca británico en Londres. Como curiosidad, déjese entretener por el celebérrimo ‘Cambio de Guardia’. Los nuevos guardias salen del cuartel de Wellington y caminan en marcha —concienzudamente estudiada— junto con la banda de música en dirección al patio de Buckingham Palace y así relevarles.

Y de la tradición más inglesa procedemos a visitar uno de los barrios más modernos, Picadilly Circus. No se concibe Londres sin sus tiendas. Buen ejemplo de ello es su tramo Oxford Street, donde confluyen las más pudientes firmas de moda. Y, tras vaciar el bolsillo (y con ello nuestras energías), debemos llenar nuestro estómago. Qué mejor zona que el Soho, popularizado por su sinfín de clubs, bares y restaurantes; también por su café nocturno que brinda a las calles ese sentimiento de “abierto toda la noche”.

La hora del té la disfrutaremos en Covent Garden, uno de los distritos con más encanto. La guinda la pone su mercadito, precioso por su arquitectura, no menos bello por su interiorismo y decoración.

Toda gran ciudad tiene su buena catedral y Londres, como buena señora inglesa que es, hace alarde de la suya. St Paul’s Cathedral, una catedral anglicana que fue construida entre 1676 y 1710 y donde han tenido lugar los más importantes acontecimientos de la historia inglesa.

Y de un clásico a otro, El Puente de la Torre, en inglés Tower Bridge, un puente levadizo que cruza el río Támesis. Imponente en tamaño y belleza. Y de distritos señoriales, nos trasladamos a barrios en los que prima una filosofía de vida bohemia y extravagante. Es el caso de Camden Town, donde se encuentran los más apreciados mercados callejeros de la ciudad. Sus gentes y puestos curiosos son su propio espectáculo.

Como se suele decir, dejamos lo mejor para el final. “Lo mejor” entendido como el componente más valorado y apreciado de Londres, su British Museum. Un museo que la ciudad británica luce con honor y orgullo y que encierra gran parte del saber humano, como la historia, la arqueología, la etnografía y el arte. Las más grandes eras y civilizaciones como la Edad de Bronce, la cultura oriental en general y egipcia en particular, la griega, la bizantina, la china… Puede ser que el mundo entero esté contenido en este museo y que, como bien manifestó el escritor inglés, Londres tenga todo lo que la vida puede brindar. Parafraseando a Marcel Proust, de nosotros depende, no sólo buscar nuevos paisajes, sino saber “mirar con nuevos ojos”.

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