“Apenas caminamos unos pasos siento que se respira un aire muy especial y muy puro; aunque desde aquí no la vemos, se siente en todas partes la presencia del agua, Lucerna es como una pequeña isla entre el lago, el río y las montañas”.

Probablemente Ugo Uribe descansaba en una preciosa casita de madera cerca del Lago de los Cuatro Cantones mientras escribía este fragmento de su libro ‘Las cenizas de Marx’. Y es que vivir en Lucerna es como vivir en el bosque, tiene un encanto poderoso.

El paisaje de esta ciudad suiza está dominado por la naturaleza que envuelve y recoge todas y cada una de sus tradiciones. Lagos de aguas cristalinas, aire fresco de montaña y una naturaleza en estado puro es lo que nos encontraremos cuando viajemos a este idílico lugar.

Pasear por sus calles supone adentrarse en una típica postal suiza. Las casitas de madera y las flores en cada balcón nos enamorarán desde el principio y conseguirán que caminemos horas y horas buscando nuevos rincones hacia el paraíso. ¿Los conocemos?

El puente más viejo de Europa
Si por algo es conocida Lucerna, a parte de por sus relojes, es por su puente medieval: el Puente de la Capilla, que hasta hace dos décadas contaba con unos magníficos frescos y que era considerado uno de los puentes más viejos del Europa.

Si tienen la oportunidad de caminar este regalo, que la ciudad ofrece a sus visitantes, sepan que gran parte de su estructura y de sus pinturas fueron destruidas en 1993 por un incendio. Pero, no se preocupen, las autoridades reconstruyeron el puente y podrán disfrutar, no lo duden, de un lugar que no tiene parecido alguno en el mundo.

Junto a este célebre puente de madera «Kapellbrücke», encontraremos la conocida como la Torre del Agua -de forma octogonal-, que formaba parte de las fortificaciones de la ciudad y ha servido como archivo y como prisión.

Ciudad de plazas e iglesias
Como la mejor forma de conocer Lucerna es a pie, continuaremos nuestro recorrido bajando hacia el centro, donde las casas históricas, adornadas de frescos, nos darán la bienvenida.

Uno de los logros de la ciudad suiza es que su casco antiguo se encuentra cerrado al tráfico, por lo que podremos pasear, sin miedo, por sus calles o pararnos a descansar en cualquiera de sus pintorescas plazas, como en el mercado del vino (Weinmarkt).

Lucerna, a parte de una ciudad de plazas, también es una ciudad de iglesias. La Catedral se alza majestuosa con sus dos campanarios puntiagudos y, más adelante, al norte, encontramos el león moribundo, símbolo de la ciudad.

Destaca también la iglesia jesuita del siglo XVII, considera como la primera obra barroca religiosa de Suiza, y siendo sus torres similares a las de estilo bizantino. Pero nuestro recorrido por la historia no ha acabado. Todavía nos queda otro puente antiguo, al que llaman el Puente del Molino, más corto y más joven que el Puente de la Capilla, pero igualmente hermoso, ya verá.

La modernidad: KKF
Tradición y modernidad son dos conceptos muy ligados en Lucerna. Aunque no lo parezca por nuestro primer y largo recorrido, la ciudad también adquirió fama por su diseño innovador. Uno de los puntos que sorprenderán al visitante será el futurista centro de culturas y congresos: KKL. Este espacio también es el símbolo de la “ciudad de festivales Lucerna”.

Desde luego, muchos son los elementos que contribuyen a la impresionante imagen de la ciudad. Y es que, como cuentan sus habitantes, “estar en esta ciudad es como vivir una película de Walt Disney, la diferencia es que todo lo que se ve es de verdad”. ¿Visitamos Lucerna?