“Allá donde se cruzan los caminos, donde el mar no se puede concebir, donde regresa siempre el fugitivo, pongamos que hablo de Madrid.” Así comienza la canción del genial Joaquín Sabina, cantautor español —natural de Jaén— que hace honor a la ciudad castiza. Y no sólo él, hemos encontrado decenas de canciones que rinden preciosos homenajes a la capital de España. Su difícil conquista guarda una estrecha relación con su exacerbado gigantismo. Intentaremos hacer una aproximación a lo que sí o sí hay que contemplar de esta magnífica ciudad.

Comenzamos nuestra expedición por el Parque del Retiro: un ecosistema propio dentro de la ciudad. Su origen data del siglo XVII y empezó constituyendo un lugar ocio y descanso para la familia real. Y no es para menos porque es llegar al centro de estos inmensos jardines y empezar a percibir como el barullo de la ciudad desaparece. Uno de sus puntos fuertes es sin duda su estanque en el que se puede disfrutar de un plácido paseo en barca.

Continuamos nuestra ruta en dirección hacia la Plaza de la Independencia, allí vislumbraremos la mítica Puerta de Alcalá, uno de los monumentos más representativos de la ciudad y que constituía una de las cinco puertas que daban acceso a la ciudad de Madrid. Y si no nos desviamos en exceso toparemos con la Fuente de Cibeles. Y  de fuente a fuente nos encontramos con la de la diosa Cibeles, otro de los emblemas madrileños. Fama que le viene dada, entre otras cosas, porque el Real Madrid celebra sus triunfos en este lugar.

De la Puerta de Alcalá a la calle que recibe su nombre y de allí a otra puerta, la Puerta del Sol, el kilómetro cero donde comienzan todas las carreteras del territorio español y uno de los puntos neurálgicos. Asimismo es el último lugar que muchos madrileños y turistas pisan cada fin de año pues allí se ubica el famoso reloj que da las campanadas.

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Continuamos nuestras andanzas caminando hacia la Plaza Mayor para sumirnos en el llamado Madrid de los Austrias, una zona de cuento donde nos encontramos edificios palaciegos y otros religiosos, como iglesias y conventos, del Siglo de Oro. En este lugar podemos deleitarnos con un pequeño placer pero no por ellos menos significante. Los bocadillos de calamares, una delicia madrileña que ya se ha convertido en todo un clásico. La plaza siempre está abarrotada de viandantes que hacen su parada en alguno de los muchos bares dedicados a tal efecto. No obstante si prefieres decantarte por otros manjares, dispones del Mercado de San Miguel, muy próximo a la plaza y donde puedes degustar tapas gourmet. Aunque advertimos que los precios distan bastante que los que marca la Plaza Mayor y sus bocadillos.

Pero que no cunda el pánico, no nos vamos a ir sin probar sus tortillas de patata, especialidad madrileña. El clásico acompañamiento de pincho de tortilla y copa de vino tinto, ¡qué mas se puede pedir! Y aquí no queda todo, esto ha sido sólo para abrir boca, falta degustar el plato típico castizo, el cocido madrileño, una exquisitez que no deja indiferente a nadie. Hay numerosas opciones de restauración que verdaderamente valen la pena. El afamado restaurante La Bola, da buena cuenta de ello con su versión más tradicional de este plato de cuchara.

Tras esta placentera parada seguimos nuestro paseo por el Madrid de los Austrias y alcanzamos la Plaza de la Villa, lugar que hasta hace escaso tiempo constituía la sede del Ayuntamiento de Madrid. Una bonita plaza donde encontrar edificios de estilos muy variopintos: la Casa y Torre de los Lujanes (del siglo XV y de estilo gótico-mudejar), la Casa Cisneros (siglo XVI) y la Casa de la Villa (siglo XVII, de estilo barroco).

A poca distancia encontramos la Catedral de la Almudena, la iglesia principal de la ciudad dedicada a la patrona. Una edificación que data de la época de Alfonso XII y que cuyo distintivo es una peculiar mezcla de estilos. Por la zona podrán disfrutar del Teatro Real una grandiosa construcción declarada Monumento Nacional.

No debemos olvidar recorrer la Gran Vía, una de las vías donde la actividad abunda en cualquier rincón. Una vez hemos llegado a su fin nos encontramos con la Plaza de España donde se encuentran los edificios más altos de la ciudad. En su centro observamos un monumento castellano donde los haya, una estatua de Don Quijote y Sancho Panza.

La noche está cayendo y nos tenemos que decantar por una zona que nos ofrezca una amena variedad cultural con sabor y gracia castiza. Se trata sin duda de la Latina, un barrio situado en el centro y cuyas calles, de origen medieval, giran en torno a las plazas de la Cebada y de la Paja. Su entramado callejero refleja el Madrid más popular y el más frecuentado por los propios madrileños debido a sus numerosos bares, pubs y tabernas tradicionales llenas de encanto en calles como Cava Baja, Cava Alta o las mismas plazas de la Cebada y la Paja. Aunque suele tener ambiente todo el tiempo, destacan los anocheceres y los fines de semana. Además, cada domingo, las calles de alrededor acogen el famoso Rastro de Madrid, un mercado popular al aire libre.

Madrid seduce por su ambiente castizo, por su personalidad arraigada, su potente gastronomía, el sabor de sus gentes… Como decía el famoso cantautor: “allá donde se cruzan los caminos, donde el mar no se puede concebir, donde regresa siempre el fugitivo, pongamos que hablo de Madrid.”