Mercados espléndidos, calles serpenteantes y heterogeneidad de estilos. Palermo se erige como una de las ciudades con más historia del Mediterráneo y una de las que más sorpresas proporciona al visitante.

Recorrer Palermo supone comenzar un viaje lleno de continuos contrastes. La ciudad es caótica, pero apacible; presenta rasgos árabes, pero no musulmanes; es africana, pero también europea; tranquila, pero exótica, tradicional, pero innovadora… Palermo tiene una belleza difícil de describir.

Caminar por la capital de Sicilia supone realizar un viaje en la historia. Y es que la ciudad conserva los testimonios materiales dejados por todos y cada uno de sus conquistadores: púnicos, griegos, romanos, bizantinos, árabes, normandos… en cualquier rincón podremos encontrar la impronta de este pasado lejano.

Sin embargo, podemos decir que Palermo no ha perdido ni su esencia ni su identidad; sino que ha sabido adaptar todas estas influencias y mantener así intacta este alma interior que la ha hecho, durante siglos, irrepetible.

De sus gentes, quedan grabados en la memoria la hospitalidad y el calor humano; de sus calles, la belleza de sus plazas y las ruinas arqueológicas; y de su gastronomía, el rico dulce cannolo.

Visitas imprescindibles
Rodeada por viñas, palmerales y naranjales, la ciudad de Palermo es un pedazo de África en el Mediterráneo, que puede ser visitada en un solo día. Les recomendamos que se adentren en un mundo totalmente oriental y normando con la entrada a la majestuosa Catedral de la ciudad.

Sin duda, se trata de un templo venerado desde la Antigüedad, puesto que se dice que primero fue un templo fenicio, y posteriormente una mezquita. Sea esto cierto o no, lo que queda claro es que el obispo quería competir con la belleza y el poder de la Catedral de Monreale, y ¡vaya si lo consiguió!.

Uno de los rasgos que llaman la atención del visitante es el hecho de que la Catedral se encuentre unida por dos arcos a la torre del campanario. Una estampa espléndida que podrá ser fotografiada desde la plaza que recoge ambos monumentos.

No se pierdan tampoco la Capila Palatina, que conmemora al patrón de los normandos (San Vito) y que está ubicada en el interior del Palacio Real, una construcción del siglo IX. Llama la atención los mosaicos, el techo de madera y las incrustaciones de mármol de las paredes. ¡Una delicia para los sentidos!

Pero si lo que realmente les apetece es perderse en esta ciudad sensual y fascinante lo mejor es que lleguen hasta la plaza de Quattro Canti donde convergen las dos vías principales de la ciudad: Vittorio Emmanuele y Via Maqueda.

Cerca de esta plaza encontramos la conocida como Fuente de las Vergüenzas, cuya historia es curiosa. Se cuenta que esta fuente se situaría en una famosa villa de Florencia, sin embargo se situó en este punto rodeado de iglesias, donde sufrió todo tipo de ataques, incluyendo amputaciones de los órganos sexuales masculinos (dicen que producidos por las monjas de conventos vecinos).

Como casi siempre, lo más recomendable es pasear y descubrir Palermo a través de los tesoros que depara en cada una de sus esquinas. ¿Nos tomamos un helado y disfrutamos de Palermo?