Un viaje a Jordania no es concebible sin la obligada visita a Petra. Una ciudad que en el año 2007 fue reconocida meritoriamente como una de las ‘Siete nuevas maravillas del mundo’. Petra es un destino único y genuino donde los haya no sólo por su belleza sino por haber estado relegado al cajón del olvido durante siglos.  El nombre de Petra significa piedra en latín y su significado resulta totalmente idóneo puesto  que la ciudad no está construida con piedra sino excavada y esculpida literalmente en la piedra.

Habitada desde el VII a.C., esta ciudad Nabatea era una ciudad de paso para las caravanas, situada entre el Mar Rojo y el Mar Muerto. Petra fue un cruce de caminos entre la península Arábica, Egipto y Siria y está mitad construida y mitad excavada en la roca. Se encuentra rodeada de montañas y su principal acceso es a través de una garganta de varios kilómetros. Acceder por cualquier otro sitio era francamente difícil e imposible para un ejército, lo que convertía a la ciudad en un fuerte seguro en mitad del desierto.

A Petra se accede después de atravesar la garganta de as-Siq, desfiladero que en algunos puntos no supera los dos metros de ancho y está formado por paredes de arenisca de entre 80 y 100 metros de altura. Al terminar este desfiladero, la montaña se abre y se puede ver uno de los monumentos construidos por el hombre más espectaculares del mundo: El Templo del Tesoro de Petra.

 Petra, Jordania

El asentamiento de Petra se localiza en un valle angosto, al este del valle de la Aravá. En su época de máximo esplendor un complejo sistema de riego y canalizaciones recogí­a toda la escasa agua de lluvia del valle y la canalizaba hasta el interior de la ciudad, permitiendo crear un oasis que tenía jardines e incluso fuentes. Pero al desmoronarse el imperio y caer la ciudad en decadencia, poco a poco se fueron perdiendo estas infraestructuras hasta ser definitivamente abandonada. Es precisamente el estar en mitad del desierto y abandonada lo que ha permitido llegar en tan buen estado de conservación. Las últimas referencias históricas datan de la época de las cruzadas.

Fundada en la antigüedad hacia el final de siglo VII a. de C. por los edomitas, fue ocupada en el siglo VI a. de C. por los nabateos que la hicieron prosperar gracias a su situación en la ruta de las caravanas que llevaban el incienso, las especias y otros productos de lujo entre Egipto, Siria, Arabia y el sur del Mediterráneo. Hacia el siglo VIII, el cambio de las rutas comerciales y los terremotos sufridos, condujeron al abandono de la ciudad por sus habitantes. Cayó en el olvido en la era moderna, y el lugar fue redescubierto para el mundo occidental por un explorador suizo Johann Ludwig Burckhardt en 1812.

En cuanto a información práctica, la primera hora de la mañana no es la más idónea para hacer fotografías, porque la piedra realza su color cuando recibe la luz directa del sol. No obstante sí es la mejor para disfrutar de esta maravilla de ciudad atrapada en el pasado. Petra es viajar a lo grande en lo que a sensaciones se refiere, es embriagarse de hermosura y majestuosidad a partes iguales.