Ciudad de Franz Kafka, arquitectura de cuento surrealista, cuna del cristal de Bohemia, de personajes de madera. Praga es, ante todo, una ciudad expresionista por ese cierto sentimiento personal e intuitivo que evoca. Comenzamos nuestra ruta vislumbrando la entrada de la Ciudad Vieja donde nos topamos con una ennegrecida Torre de la pólvora la cual, durante el siglo XVII, hizo las veces de almacén de pólvora, haciendo honor así a su nombre. Se trata de la antigua puerta de entrada a la ciudad. Un puente la une a la Casa Municipal produciendo un curioso contraste. Este edificio, la Casa Municipal, es el más destacado de las edificaciones Art Nouveau que podemos ver en Praga. Es el antiguo emplazamiento de la Corte Real y el nexo de unión entre la zona vieja de la ciudad y la moderna. Un edificio cuyo gran valor no sólo es artístico, sino también histórico, ya que es el lugar en el que se proclamó la Independencia de Checoslovaquia.

Llegamos a la plaza de la ciudad vieja desde donde apreciamos la iglesia de San Nicolás. Esta iglesia, ubicada en el distrito de Mala Strana (‘ciudad pequeña’) es la obra del barroco más bella de Praga. Se terminó de construir a mediados del siglo XVIII. Siguiendo con la temática de tintes religiosos, destacar la gótica Catedral de San Vito, sin duda uno de los monumentos más significativos y hermosos de Praga. Si bien se comenzó a construir a mediados del siglo XIV, no fue hasta 1929 cuando abrió sus puertas.

Si seguimos deambulando y llegamos al final de Mala Strana, nos encontraremos con el principio del distrito contiguo: Stare Mesto (‘ciudad vieja’). El Puente de Carlos, el monumento más afamado de Praga, une ambos distritos. Más de 500 metros de largo en los que poder disfrutar de todo el sabor de la Praga más auténtica, puestecillos ambulantes, artistas… Las vistas desde allí son doblemente satisfactorias: por un lado vislumbraremos cada una de las 30 estatuas que comprenden este famoso puente y por otro nos deleitaremos con la presencia del río Moldava. Cruzar el Puente de Carlos es vivir uno de lo instantes más encantadores de la ciudad.

Puente de Carlos

¿Y si les decimos que en Praga encontrarán el reloj medieval más famoso del mundo? Pues así es. El principal atractivo de este monumento es el instante en que las agujas del reloj marcan las horas en punto y las figuritas de los doce apóstoles desfilan en procesión para dejarse ver por los ojos de innumerables turistas. El Reloj Astronómico de Praga, así se llama, supone un guiño a nuestra infancia y es algo realmente entrañable de ver.

Lo que también nos evoca a nuestra más tierna niñez es encontrar las famosas marionetas de Praga en numerosas tiendas. Las hay tanto sencillas como verdaderas obras de arte talladas en madera. Déjese seducir por la inocencia de estos muñecos de madera y llévese un bonito recuerdo de la ciudad. En lo que a recuerdos y souvenirs se refiere, otra opción, más sofisticada, es una bonita figura de cristal de Bohemia, denominado así por tratarse de un vidrio originario de la región checa que recibe el mismo nombre. Se fabrica, de manera artesanal, desde hace más de siete siglos. Es por ello que su precio se vea encarecido. Es una de las tradiciones más significativas de la República Checa.

De pequeñas figuras refinadas y delicadas pasamos a otras formas más robustas y grandiosas, el Castillo de Praga, el más grande del mundo. Esta maravilla construida en el siglo IX está formada por un conjunto de preciosos palacios. Podríamos decir que la historia de Praga comienza con la construcción de este castillo. Si callejeamos por el interior de este complejo monumental, nos toparemos con el Callejón de Oro, un precioso pasaje que alberga una serie de pequeñas casas que fueron construidas para dar cobijo a los guardianes del castillo. Con el tiempo se convirtieron en acogedoras tiendas. Destacar un detalle: en el número 22 de este callejón se encuentra lo que en su día fue la casa de Franz Kafka. Descubra el espíritu más existencialista de la ciudad.

De una historia más antigua pasamos a una más contemporánea, a la Plaza de Wenceslao, donde se encuentra el Museo Nacional de Praga. Los acontecimientos más importantes que allí se han dado cita tuvieron lugar en1989, cuando una manifestación contra cierto autoritarismo policial desencadenó en la Revolución del Terciopelo y la caída del comunismo.

Finalizamos nuestras pinceladas de Praga con una visita al Cementerio judío, un lugar tanto sobrecogedor como impactante y fascinante. Durante más de tres siglos fue el único lugar en el que estaba permitido enterrar a los judíos en Praga. Se estima, a día de hoy, que pueden haber unas 100.000 personas enterradas. Vale la pena admirar tan realista emplazamiento.

Praga, ciudad kafkiana de cuento de hadas. Arquitectura cuidada con mimo y esmero, tamaño cómodo e idóneo para ser callejeada. Piérdase entre sus figuras de cristal de Bohemia, sus casas de colores, sus personajes de madera y recuerde que, en una ciudad de cuento, es extremadamente sencillo evocar nuestra más tierna e inocente mirada de niño. Disfrútela.