Santorini es mar, arquitectura blanca inmaculada cuidada con mimo y esmero, azul electrizante. Electrizante por esos amplios ventanales azul celeste que no hacen sino crearnos la incontenible sensación de querer traspasarlos. Y desde allí,  desde los más vertiginosos precipicios, zambullirnos en esas aguas que vislumbramos desde lo alto. Santorini es sueño y si no fuera por el reflejo plateado y el sonido intermitente de sus aguas, el imponente Mar Egeo, no despertaríamos de tal fascinante ensoñación.

Nos pellizcamos y sí, este enclave ubicado en Grecia, es real. Lo averiguamos cuando nos disponemos a subir a la idílica y vertiginosa ciudad de Fira, capital de Santorini. Suba peldaño a peldaño los casi 700 escalones para alcanzar un merecidísimo trofeo hecho para los sentidos. Recréese con sus iglesias y sus cúpulas azules, su pulpo a la brasa y esa esencia mediterránea que se disfruta con sus olores, sus sabores, sus colores… Si pensaba que esto era el súmmum del bienestar y gusta de conquistar siempre nuevas cimas, en Santorini podrá, literalmente, subir a una de ellas. La visita al volcán y un apacible baño en unos reconfortantes y templados manantiales, le trasladarán a un estado tranquilo y sosegado donde los haya.

Tras haber disfrutado de las maravillas de la aquaterapia y con todo ese relax en el cuerpo, nos dedicaremos a reponer energías. La gastronomía de Santorini, muy similar a la turca, consta de un sinfín de frutas y verduras frescas y grandes variedades de pescados y mariscos. Peculiaridades que vienen fenomenal para la época estival en la que estamos habituados a comer de manera más frugal.

Santorini

Como bien dicen, con el estómago lleno se piensa mejor y ahora es momento de empezar a organizar nuestras excursiones por la isla. Tanta tranquilidad nos ha dejado con ganas de ver civilización, así que nos decantamos por la zona de Kamari, de las más turísticas. Recorremos su paseo mientras nos recreamos con todas sus opciones de restauración.

Si bien Santorini es una isla eminentemente mediterránea y esa es precisamente su mayor arma de seducción, lo cierto es que hay ciertos pueblecitos, de carácter más rural, que nos dejan ese buen sabor de boca típico de las cosas que tienen encanto. Se trata de Pyrgos, uno de los pocos pueblos que pese a que carezca de playa, compensa su belleza con un sinfín de cualidades. Pyrgos tiene una personalidad única y genuina, de esas que no pasan desapercibidas. Es silencioso, que no tímido; tranquilo, que no aburrido; rural, que no desfasado. En este precioso pueblo vislumbramos unas hermosas calles bañadas por el blanco y el azul, sus paisanos que nos saludan con un sonriente “kalimera” y esos enternecedores burros, que todavía emplean como medio de transporte, y que nos hacen disfrutar de ese vivir lento característico de la vida en los pueblos.

Alegre sus sentidos degustando vinos en las diversas bodegas que tendrá opción de visitar. Negocios familiares que tratan de subsistir intentando vender a autóctonos y turistas. Lo mejor de la isla, esa certeza de mire en la dirección que mire, verá el mar, la más pura inmensidad del mar. Esto son sólo pinceladas de lo que le aguarda en el paraíso de las Islas Cícladas como Perivolos, Akrotiri, Vulcano y Thirassia, Mykonos… tantos rincones como sensaciones desee vivir. La isla que siempre entra en el ranking de las más bellas del mundo. La que tiene el atardecer más hermoso del planeta, de esos que, simplemente, detienen el tiempo. Esas puestas de sol entre rosadas y doradas que nos transportan a un mundo onírico. Santorini, entre el azul y el blanco, sueños que se hacen realidad.