Para aquellos que conozcan España, Lisboa y Oporto son, para los propios portugueses, como Madrid y Barcelona para los españoles. En cualquier caso son dos destinos con personalidades diferentes, únicas y genuinas. Y es que Portugal tiene carácter y mucho sabor, nunca mejor dicho pues su gastronomía bien vale un monumento.

Oporto, la ciudad que vive mirando al mar

La bella ciudad del norte de Portugal a orillas del río Duero, es una de las más lindas y ricas del país, cuyos vinos son famosos en el mundo entero y donde podrán visitar una de sus bodegas. Dicen que Oporto parece estar hecha de puentes, que se trata de una ciudad que vive mirando al mar. Las callejuelas enmarañadas del casco antiguo abastecen a la ciudad de historias y coloridos diseños en sus típicos edificios.

Los barrios de Ribeira, Barredo y Miragaia están cercados por las murallas Fernandinas y dan forma al casco histórico. Oporto es una ciudad de carácter nostálgico, elegantes barrios y villas señoriales. Un paseo al atardecer junto a la ribera del río Duero, una visita al Mercado do Bolhao o el apreciadísimo sabor de sus vinos dulces.

Camine, suba, baje, callejee. Advertimos al viajero que Oporto está llena de cuestas. Diríjase al puente de Luis I y sus alrededores, uno de los lugares más románticos y con más encanto de Portugal. Daremos un paseo por la ribera, un paseo fluvial, repleto de terrazas con un ambiente muy acogedor. En uno de los extremos se encuentra la Plaza de la Ribera (Plaça da Ribeira), el sitio idóneo para degustar una copa de Oporto.

Declarada Monumento Nacional, la Catedral de Oporto se yergue en la zona alta de la ciudad (barrio de Batalha). Un edificio que a lo largo de su historia ha sufrido reconstrucciones varias, es por ello que resulte sencillo vislumbrar diferentes estilos arquitectónicos. Además destacar que se trata del punto donde comienza el Camino de Santiago portugués.

Oporto es una ciudad de contrastes. Encontramos por una parte casas con solera construidas una al lado de la otra y por otra, edificios de lujo.

Si la ambición nos lo permite podemos desplazarnos y visitar Aveiro, ‘ciudad de los canales’ también conocida como la Venecia portuguesa. Continuaremos hacia Fátima, uno de los centros de peregrinación de la Cristiandad. Es de vital importancia vislumbrar su bella Basílica.

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Lisboa, entre ‘fados’ y bacalao

Como buenos viajeros, ligeros de equipaje, vamos de camino a Lisboa donde tendremos la gran oportunidad de escuchar los bellos ‘fados’ portugueses mientras degustamos un exquisito bacalao.

Dos ciudades bañadas por las aguas. Del Duero pasamos a la desembocadura del río Tajo. Lisboa es una ciudad que provoca saudade incluso antes de conocerla. Saudade es ese sentimiento de extrañamiento, de melancolía, ese echar de menos a algo o a alguien. Un especie de tristeza feliz.

“Quería encontrarme gatos en las ventanas, mujeres mirando la vida pasar desde su balcón, músicos callejeros, callecitas empedradas en subida, tranvías amarillos, paredes despintadas, mosaicos y restos del pasado árabe.” Una visión realmente gráfica de lo que nos puede ofrecer la ciudad.

Lisboa no puede mentirnos con su edad. Es una de las ciudades más antiguas del mundo, concretamente la más antigua de Europa Occidental. Y todo su sabor e historia lo vemos reflejado en sus paredes.

Es “la ciudad de las siete colinas”, llamada así por sus empinadas calles. Entendemos Lisboa por sus barrios. Callejuelas estrechas empedradas donde la colada tendida forma parte del paisaje en los balcones de Alfama. Lisboa se hace noctámbula en Bairro Alto, el distrito bohemio por antonomasia y en Chiado, su barrio más elegante. Recorreremos sus principales avenidas y monumentos como la Torre de Belém y el monasterio de los Jerónimos. También sugerimos hacer una visita a las cercanas poblaciones de Sintra y Cascais y perderse por sus villas y palacios.

Una vez en Sintra, nos dejaremos embelesar por su naturaleza y su castillo de cuento. Tampoco se pierda los pastelitos de nata de Belém, todo un placer para los sentidos. Y entre ruta y ruta déjense llevar por sus entrañables tranvías amarillos. Les parecerá trasladarse a otra época.

Hablar de la gastronomía portuguesa sería dedicar un único espacio para tal menester, simplemente les propondremos que degusten sus bacalaos cocinados de mil maneras diferentes y los mariden con auténticos y genuinos vinos portugueses.

Como dijo el escritor portugués Manuel de Melo la saudade es “un bien que se padece y un mal que se disfruta”. Así pues, bien vale sentir saudade de Portugal.