Conozca Sevilla con MapaplusDecir Sevilla es decir flamenco, toros y tapas. Pero no sólo eso. Es diversidad, ocio, cultura, diversión, monumentalidad, historia… Es decir todo esto y mucho más. Porque desde el primer momento en el que paseamos por sus calles nos damos cuenta de que tiene un halo diferente, un sabor especial: un sabor mozárabe.

Aunque asociemos el nombre de Sevilla al mundo árabe por la gran cantidad de construcciones que nos trasladan al norte de África, lo cierto es que los orígenes de la ciudad los encontramos en la civilización de Tartessos, que pusieron a la ciudad el apelativo de ‘Ispal’.

Una prueba de su extensa historia, la encontramos en su casco histórico-artístico,  el mayor de Europa y uno de los más grandes del mundo. Adentrarnos en sus callejuelas, perdernos por sus barrios y disfrutar de sus monumentos es un auténtico placer que harán disfrutar a nuestros cinco sentidos.  

La vista y el olfato

La vista será imprescindible para embelesarnos con edificios como la Giralda, la Catedral, el Alcázar o el Archivo de Indias. Todos ellos declarados patrimonios de la Humanidad por la UNESCO en 1987. Tampoco podremos dejar de visitar la Plaza de España, la Torre del Oro o el Metropol Parasol.

Por otra parte, el Parque de María Luisa o los Jardines de Murillo nos embriagarán con un sinfín de aromas: magnolias, limoneros, laureles, naranjos, lirios y palmeras… que nos trasladarán a lugares con perfiles heterogéneos –islámicos, ingleses y franceses-.

El oído y el tacto

Destacar algunos de sus barrios resulta tremendamente complicado. Triana, La Macarena, Santa Cruz, Los Remedios, El Porvenir y Nervión son los más famosos y en ellos se aúnan sonidos de cantes y bailes que nos conducirán a lo más tradicional de la cultura sevillana.

Otro de los sonidos más populares y característicos de Sevilla será el repiqueteo de las herraduras de los caballos en el momento en el que recorren las calles del centro, una excelente opción con la que los visitantes se sientan auténticos andaluces.

El gusto

La gastronomía sevillana se puede calificar de sencilla, pero destaca por su variedad de tapas y platos. Si visitamos la ciudad en verano no debemos dejar de probar el gazpacho andaluz, el pescaíto frito y el jamón serrano. Si lo hacemos en invierno será imprescindible el cocido andaluz, la cola de toro y las ‘papas aliñás’.

Y para acabar con un buen festín, qué menos que un postre típico. Entre la repostería andaluza también son famosas las torrijas, el tocino de cielo o las tortas de aceite.

Nuestro consejo: visitarla a fondo, porque siempre podremos encontrar un lugar especial que nos descubra, con alguno de los cinco sentidos, una nueva Sevilla.

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