Sicilia dejó de ser humana para convertirse en deidad, dejó a un lado lo terrenal para dedicarse a asuntos de carácter más celestial. Es un lugar que al mismo tiempo que espira un hálito poderoso, seduce. Una isla en la que el simbolismo todo lo cubre, haciendo del misticismo una de las fuentes de las que nutrirse. La personalidad que expide la isla italiana es tal que podía haberse constituido como un estado italiano independiente. Sicilia es una isla de casta. Es un hecho.

La fascinante y cuasi mágica imagen que nos hemos formado de Sicilia ha sido gracias a la influencia de la cultura grecolatina. Y es que descubrimos sus huellas en una buena muestra de elementos arquitectónicos pertenecientes a la isla italiana, tal es el caso de los tres templos dóricos de la región costera de Agrigento, ubicados en un conjunto de ruinas realmente grandioso. Otro ejemplo de ello es el Valle de los Templos, en el que el poeta Píndaro, fascinado por tal belleza, obsequiaría a la historia con su visión más personal: “la más hermosa ciudad de los mortales”. Embaucados por el amor o no, en un marco incomparable como este se dejaría seducir hasta el más huidizo de los corazones.

Sicilia

Para una experiencia religiosa visite Erice, donde encontrará una infinidad de iglesias disgregadas en un diminuto territorio. Para aquellos que no tengan problemas con los espacios cerrados, atrévase con Marsala y el tesoro que esconde bajo tierra: la cámara funeraria romana de Crispia Salvia.

Siguiendo con la cultura grecolatina, destacar una de las manifestaciones artísticas más fascinantes ubicada en Morgantina, en pleno corazón siciliano, los mosaicos. Retándoles en belleza, otros coloridos mosaicos de la villa romana de Casale, en la localidad interior de Piazza Armerina. Realidades que no hacen sino recordarnos que los griegos, en esto del arte, tuvieron mucho que decir.

Si considera que aún no ha visto toda la belleza que sus ojos son capaces de soportar, acuda a Segesta. Es probable que las majestuosas piedras de su templo y teatro dóricos le trasladen irremediablemente a la época dorada helena. En caso de que esto no fuera suficiente, puede acudir a Selinute, al suroeste de la isla. Rastros de una titánica y oculta ciudad cuyo encanto se desarrolla a lo largo de 270 hectáreas.

Siracusa y Taormina, dos ciudades indispensables situadas en la costa este siciliana. Déjense llevar por las sinuosas curvas de la calle principal de Siracusa y tópense con la Fuente de Aretusa. Pese a lo que se pueda pensar sus aguas son más potables que sagradas. Según la mitología griega la diosa cazadora, Artemisa, convirtió en fuente a la ninfa Aretusa, con el fin de protegerla de su pretendiente Alfeo. No obstante si existe algo que adoraban los griegos más allá del deporte, fue la dramaturgia. Siracusa, como antigua colonia griega, alberga uno de los teatros al aire libre más deslumbrantes de la herencia cultural griega. Destacar sus hechizantes vistas al Mediterráneo.

La primavera se antoja como la mejor temporada para viajar a la isla. Sicilia, la más grande de las islas del Mediterráneo, sabedora de sus encantos, alardea de volcanes y del azul de su mar, inspiraciones de lo que conocemos como mitología griega. Y es que en todo mito siempre existe una parte de  verdad, ¿quiere descubrirla?

Fuente: www.traveler.es