Si todavía no han visitado Tallín, la capital de Estonia, no duden en hacerlo. Se trata de una ciudad con un encanto singular, especial, que les ensimismará desde el primer momento en el que pongan un pie en sus calles empedradas. Ya les advertimos que pese a contar con más de 400.000 habitantes, la sensación que emana Tallin es de paz y tranquilidad.

Las murallas de la ciudad vieja esconden una gran cantidad de monumentos, secretos, historias… que merece la pena conocer y que les hará retroceder en el tiempo hasta siglo XIV. Por todo ello, y por lo que leerán a continuación, la ciudad fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1997.

El punto de partida es Raekoja Plats, o lo que es lo mismo, la Plaza del Ayuntamiento, que alberga el único consistorio de estilo gótico del norte de Europa. Desde cualquier punto de la ciudad podremos ver cómo su esbelta torre se levanta a 64 metros de altura, proporcionándonos una panorámica para guardar en nuestro recuerdo.

Entre las leyendas que inundan este edificio podemos mencionar los grilletes que se encuentran anclados a los arcos que lo rodean. Se dice que en época medieval los pequeños delincuentes eran encadenados a este lugar a modo de castigo y que en la actualidad se usan para atemorizar a los niños que tienen malos comportamientos.

Asomando a la plaza, se sitúa una farmacia, de la que dicen que es la más antigua de Europa. Y, como no podía ser de otra manera, este edificio también cuenta con una leyenda. Los habitantes explican que fue en este lugar donde se inventó el mazapán, ya que al aprendiz de la botica se le ocurrió cambiar los ingredientes más amargos de una fórmula magistral por otros mucho más dulces. Buen cambio ¿no les parece?

La maldición de San Olaf

Si deambulamos por los alrededores de la plaza llegaremos a la Iglesia de San Olaf, cuya construcción tampoco está exenta de curiosidades. Se cuenta que los ciudadanos de Tallin quisieron construir la iglesia más alta del mundo, pero había una maldición. “La persona que finalizase la construcción del templo moriría”. Por esta razón, nadie quería poner punto final al trabajo y la iglesia permaneció durante mucho tiempo inacabada.

Finalmente un desconocido les propuso un trato. Si adivinaban su nombre finalizaría la construcción del edificio sin ningún tipo de coste para la ciudad. De esta forma, los habitantes de Tallin decidieron ir a casa del extranjero y escucharon a su mujer cantar una canción en la que aparecía el nombre de Olev.

Esperaron a que el constructor acabase su obra, y cuando estaba poniendo la cruz en lo alto de la torre, comenzaron a gritar desde abajo: ¡Olev la cruz está torcida! Así, éste se asustó y cayó al suelo. El hombre había muerto como vaticinaba la leyenda. Curioso ¿verdad?

Historias a parte, podemos dispersarnos por las calles adyacentes donde pasear rodeados de antiguas casas de mercaderes, juglares, trovadores, campesinos y caballeros. Entre los lugares que debemos visitar, la iglesia ortodoxa de Alexander Nevski, donde observaremos a los fieles –ellas con pañuelo en la cabeza- santiguándose de derecha a izquierda, al revés que los católicos y no una vez, sino de manera continuada.

Otros edificios curiosos que no pueden faltar en este post son el conjunto de tres casas conocido como “Tres Hermanas”, la Iglesia del Espíritu Santo, el pasaje de Santa Catalina o la iglesia de San Nicolás.

Y si son de los que no dejan pasar los viajes sin hacer instantáneas para el recuerdo, deberán subir hasta los varios miradores que posee la ciudad.

En definitiva, pasear por Tallin es soñar con un mundo diferente y de fantasía: los tejados de tejas naranjas, con cubiertas verdes, grises, rojas… Y es que, la ciudad vieja de Tallin parece la portada de un cuento de hadas donde las leyendas cobran sentido.

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