A bote pronto puede parecernos inviable, descabellado o desaconsejable. Pero lo cierto es que lejos de suponer un peligro, después de haber tomado la decisión, no puede suponer sino un momento que nos hará crecer en todos los sentidos. Viajar solo significa enfrentarse a los propios miedos, afrontar cada situación con valentía, mostrar confianza por uno mismo.

En el libro El arte de viajar, Alain de Botton, un escritor y presentador suizo que escribe desde un punto de vista filosófico en relación con la vida cotidiana, dice:

“Puede ser una ventaja viajar solo. Nuestro comportamiento y nuestra manera de ser están influenciados por nuestros compañeros, por los que controlamos nuestra curiosidad para cumplir las expectativas que ellos tienen de nosotros. Puede ser que ellos tengan una visión particular de nuestra personalidad y esto puede provocar que algunas características de la misma queden escondidas…”.

Viajar en solitario

Con ello el autor pretende transmitir la idea de que al viajar solos descubrimos rasgos de nuestra personalidad que creíamos ocultos pues en muchas ocasiones estas peculiaridades atienden a influencias psicosociales. Y, al viajar solos, dejamos nuestros prejuicios y creencias en casa.

El ritmo vertiginoso de la vida diaria no nos deja ni tiempo ni espacio para pensar en nosotros mismos y, viajar en solitario, puede ser una excelente manera de reconciliarnos con nuestro yo interior. Y es que en ocasiones nos centramos en exceso en tareas como el trabajo o el entorno social y lo cierto es que, si previamente no nos ocupamos de nuestras cuestiones personales, no nos resultará nada sencillo afrontar las de los demás. Es en esos momentos de soledad en los que nos conocemos más a fondo y revisamos mentalmente nuestra propia escala de valores.

A la hora de escoger un viaje en solitario debemos tener en cuenta nuestras pretensiones y ansias viajeras. Presentamos dos propuestas muy diferentes a la hora de viajar en solitario. Si nos decantamos por una breve desconexión pero no por ello menos emocionante, podemos optar por una escapada alrededor de Europa. Tenemos a nuestra disposición cantidad de breves circuitos realmente amenos y variados donde habrá cabida para todo tipo de emociones excepto para el aburrimiento. No pararemos un segundo quietos.

¿Qué tal una escapada a la italiana? Milán, Roma, Venecia y Florencia. Un sinfín de aventuras que vivir donde una exquisita gastronomía despertará nuestros sentidos y un delicioso y genuino limoncino maridará los mejores instantes. Al más puro estilo ‘Come, reza, ama’, un film donde Italia, concretamente Roma, se convierte en una fase de resurrección espiritual para la protagonista. Un viaje idóneo si nuestras pretensiones son relegar las preocupaciones al cajón del olvido. Habrá tanto por ver y hacer que únicamente le estará permitido disfrutar con fruición de cada momento.

Si por el contrario nuestras ansias de aventura nos quieren llevar más lejos, podemos decantarnos por un destino más atrevido y exótico… ¡Tailandia! Templos en medio de enormes ciudades, ruinas consideradas Patrimonio de la Humanidad, playas que quitan la respiración… Uno de los lugares Zen por excelencia donde hacer las paces con nuestro yo interior, hacer nuevos planes, reflexionar… Un tiempo dedicado a la meditación a sacar lo mejor de nosotros mismos. Pensar, ese gran olvidado. Un viaje para evadirnos de la cotidianeidad pero también para encontrar el camino adecuado, para recordar aquello que es realmente importante.

Viajar en solitario, una aventura como no hay otra igual. Después de todo somos intrépidos, aventureros, osados… Somos viajeros y no hay que olvidar que la mejor relación que vayamos a tener en esta vida será siempre la que mantengamos con nosotros mismos. ¿Se atreve?